Raymond Ceulemans, el hombre que cambió el tres bandas
Le decían «Mister 100» y durante dos décadas fue casi imposible ganarle. La historia del belga que convirtió un juego de café en un deporte.
Hay deportes que se explican con un nombre. El billar a tres bandas es uno de ellos, y el nombre es Raymond Ceulemans.
Un muchacho de Lier
Ceulemans nació en 1937 en Lier, Bélgica. Creció entre las mesas del café de su familia y, como tantos belgas de su generación, soñaba con el fútbol. El billar ganó la partida. Su talento llamó pronto la atención de los maestros de la época y, con poco más de veinte años, ya competía con los mejores de Europa.
La era Ceulemans
En 1963 ganó su primer campeonato mundial de tres bandas. Lo que vino después no tiene comparación: durante los años sesenta y setenta ganó el título mundial prácticamente cada temporada. Al final de su carrera acumulaba más de veinte títulos mundiales de tres bandas y decenas más sumando otras modalidades de carambola, además de una colección interminable de títulos europeos y nacionales.
Pero los trofeos cuentan solo la mitad de la historia. Antes de Ceulemans, un promedio de 1,000 era territorio de genios. Él lo volvió rutina y empujó el techo mucho más arriba. Obligó a todos los demás a mejorar para poder competir.
¿Por qué «Mister 100»?
El apodo le llegó al alcanzar su título número cien. Para entonces ya era una celebridad en Bélgica, un país donde el billar se sigue con la seriedad que otros reservan al ciclismo.
Qué lo hacía distinto
- Potencia controlada. Tiraba recorridos largos, de cinco y seis bandas, con una precisión que nadie tenía.
- Conocimiento de la mesa. Estudió y difundió los sistemas de cálculo; su libro Mister 100 sigue siendo material de consulta para quien quiere entender los diamantes.
- Mentalidad. No daba un punto por perdido ni un partido por ganado.
El legado
Ceulemans siguió compitiendo a alto nivel cuando sus rivales ya eran los hijos de sus primeros rivales. Fue ejemplo y medida para la generación de Blomdahl, Jaspers, Caudron y Sánchez, que heredó un deporte más profesional, más rápido y más global. En reconocimiento a su carrera recibió en Bélgica el título de caballero.
Antes de él, el tres bandas era un juego difícil. Después de él, fue un deporte.
Si alguna vez cuentas rombos antes de tirar, ya estás jugando un poco como Ceulemans.
